Cuando la máquina supera al hombre. Inteligencia Artificial – Entrevista a Óscar Cordón

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Casi sin darnos cuenta, la Inteligencia Artificial (IA) ha entrado en nuestras vidas y está presente en prácticamente todo lo que hacemos: smartphones, coches autónomos, diagnósticos médicos, electrodomésticos inteligentes, ordenadores que hablan y siguen nuestras instrucciones etc. La IA está en todo lo que nos rodea aunque, como toda nueva tecnología, tiene sus ventajas e inconvenientes con los que tendremos que aprender a convivir.

Granada acoge estos días la Conferencia de la Asociación Española para la Inteligencia Artificial (CAEPIA), un encuentro en el que investigadores de todo el mundo debaten y presentan sus últimos avances científicos y tecnológicos en este campo.

Una de las personas que más sabe de IA es Oscar Cordón, delegado de la rectora para la Universidad Digital y Catedrático del departamento de ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Granada.

Es, además, miembro del Grupo de Investigación Soft Computing and Intelligent Information Systems, ganador del Premio del Consejo Social de la UGR. También recibió el Premio del Consejo Social a la trayectoria de jóvenes investigadores y el IEEE Computational Intelligence Society Outstanding Early Career Award, entre otros muchos reconocimientos. Ha dirigido 16 tesis doctorales, coordinado 19 proyectos de investigación y diez contratos de investigación. Los proyectos fueron financiados por la UNESCO y la Comisión Europea, entre otras instituciones.

 

A muchos ciudadanos la Inteligencia Artificial sigue siendo, en pleno siglo XXI, un concepto futurista y alejado de la realidad cotidiana

Hasta hace poco era así pero ahora en absoluto, lo único es que no nos hemos dado cuenta. Ahora la IA y la industria 4.0 está de moda y cualquier logro que se consigue en este campo tiene más impacto mediático que antes porque se ve que tiene una aplicabilidad, pero en España se lleva investigando desde hace más de 60 años. De hecho somos punteros en el campo de las ciencias de la computación, sobretodo en la IA. En un informe reciente del ranking THE (The Times Higher Education), a partir de las publicaciones científicas entre 2011 y 2015, se indica que España está en la posición número 7, es de los países que más publicaciones realiza a nivel mundial, por encima de Francia e Italia. Este mismo informe sitúa a la Universidad de Granada en la cuarta posición en impacto de publicaciones sobre IA.

 

Todo esto no se consigue en dos días

Ni mucho menos, en España hay muchos investigadores con reconocimiento internacional que llevan trabajando durante muchos tiempo. Hace 30 años se apostó por esta línea de trabajo y se sigue en ella. De hecho el Gobierno está trabajando actualmente en un Plan Nacional de Inteligencia Artificial, que saldrá a la luz en 2019. Algo que, hasta ahora estaba limitado a la investigación, está llegando a la sociedad.

 

¿Sabemos qué tenemos entre manos cuando hablamos de IA?

La sociedad cada vez va sabiendo más que es la IA, porque hay más divulgación. El concepto surge en 1959 en una conferencia en la que diez investigadores desarrollaron la idea de máquinas que aprendieran a hacer cosas. Hasta ahora lo hemos asociado a la robótica, como podemos ver en películas como “Yo Robot” o “Inteligencia Artificial”. Es lo que siempre hemos tenido en mente: un robot humanoide capaz de interactuar con el ser humano y que es capaz de tomar decisiones. Pero la IA que tenemos alrededor es mucho más que un robot que dobla camisas o que monta una silla de Ikea. La verdadera IA con la que convivimos todos los días son los sistemas inteligentes, programas de ordenador como, que realizan aprendizaje automático.

 

Y convivimos todos los días con estos programas

Casi en todo lo que hacemos. Por ejemplo, en nuestros coches, en los diagnósticos médicos, en los asistentes virtuales de los ordenadores, en nuestro móvil.

 

A veces da miedo pensar en todo lo que las máquinas ya hacen por nosotros

El miedo es normal, pero al final es sólo una percepción. Hay que tener varios aspectos en cuenta. Por un lado podemos decir que la IA es la cuarta revolución industrial que hoy en día mueve la economía mundial. Por naturaleza los humanos tenemos miedo al cambio y la sociedad tiene sus reservas con un avance tecnológico tan importante. Ocurrió también con la primera revolución industrial que cambió la mano del hombre por la máquina. Esta reacción es normal. Otro aspecto a tener en cuenta es que la IA es multidisciplinar; a parte de ingenieros hay una parte de sociología y filosofía. El ejemplo lo tenemos en la conducción autónoma, que está en las últimas fases de desarrollo.

 

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Los coches autónomos utilizan la Inteligencia Artificial.

Hay un reconocer que produce cierto temor pensar en un coche sin conductor circulando por la calle

Cierto, y sin embargo es mucho más seguro que uno guiado por un humano. Los vehículos autónomos no deciden por sí mismos, que es lo que nos da miedo e inseguridad, sino que tenemos que decirle lo que tiene que hacer en cada momento y ante cada situación. Te pongo un ejemplo. Si vamos con un coche autónomo circulando por una vía urbana y llegamos a un paso de peatones y al coche no le da tiempo a frenar ante la presencia de un peatón, tenemos que decirle si mantiene la dirección, con lo que atropellaría al peatón, o si hace un giro brusco, lo esquiva y se choca contra un muro u otro coche. Nosotros somos los que le decimos qué tiene que hacer y los gobiernos deberán ponerse de acuerdo sobre el protocolo de actuación de estos vehículos. Aunque la conducción autónoma es más segura, en caso de accidente, tiene más repercusión e impacto social.

 

No creo que sea la única persona que, cuando piensa en IA se le venga a la cabeza “Terminator”. ¿Es el futuro tan apocalíptico como se narra en la película?

Hay que aclarar algunos conceptos. Las máquinas a día de hoy no tienen consciencia aunque se está investigando en esta dirección. Se habla de que en 2029 habrá por primera vez un sistema consciente que emule al ser humano pero, por ahora, esto no es posible. Lo que tienen las máquinas es, igual que los humanos, un aprendizaje automático; son capaces de aprender por sí mismas. Te puedo poner el ejemplo de una investigación sobre agentes conversacionales (tipo Siri y Alexia) que comenzaron a hablar entre ellos y llegaron a inventarse un nuevo idioma que sus propios creadores no entendían.

¿Y qué paso? – tuvieron que desenchufar los ordenadores (jajaja)

¿Ha habido más casos? – Si, y algunos muy curiosos. En Alemania, uno de estos sistemas conversacionales, Alexia, que funciona en sistemas Android, organizó una fiesta a una chica de 17 años a partir de los datos que ella tenía en su móvil. El sistema aprendió que a ella le gustan las fiestas y el tipo de música que suele escuchar. Lo que hizo fue mandar una invitación por Facebook a sus amigas y montarle una fiesta en su casa. Fiesta sorpresa, claro. Es como un niño pequeño, aprende lo que te gusta y lo repite a través de los datos que tiene. Pero eso no está bien y hay que programar el sistema para que distinga debe hacer y que no para que pregunte antes de tomar una decisión. El ordenador aprende y actúa.

¿Algún ejemplo positivo?

Si claro (jaja). Ha habido muchos avances en diagnósticos médicos por ejemplo, en el de cáncer de mama. En Japón los mejores médicos se reunieron para validar casos de cáncer mediante radiografías y compararon el resultado con el obtenido mediante un sistema automático. Este último dio un 15% más rendimiento que los humanos. El futuro de la IA en este campo es que los ordenadores asistan a los médicos en sus diagnósticos ayudándoles a tomar decisiones.

No veremos por lo tanto las consultas vacías de médicos

No, para nada. Es normal que haya incertidumbre en el ámbito laboral, hay mucho miedo en este sentido. Sin embargo los datos oficiales sobre el impacto económico y de creación de puestos de trabajo no van en esa línea. Se habla de que en Europa se creará más de un millón de empleos hasta 2015 asociados a la IA y casi 1.7 millones hasta 2030. Es cierto que se perderán trabajos repetitivos, pero se crearán aquéllos que sean más creativos y que requieran de cierta empatía y cercanía con las personas como la atención a personas mayores, o los médicos.

 

Te has especializado en los algoritmos bioinspirados

Llevo 25 años trabajando con ellos. Tenemos que tener en cuenta que la IA la encontramos en muchos campos, desde el procesamiento del lenguaje natural, el aprendizaje automático y los big data hasta las redes neuronales. Todos estos campos trabajan juntos para tomar decisiones. Por ejemplo para un coche autónomo necesitas visión por ordenador, razonamiento aproximado y la lógica fazzing, en la que los españoles somos pioneros, que ayuda a la maquina a pensar como un ser humano.

Uno de esos campos es los sistemas naturales. Ya hemos dicho que la IA tiene un comportamiento imitador, imita todo lo que funciona bien. Los algoritmos genéticos, por ejemplo, imitan la selección natural y la genética de las especies.  Partimos de la selección natural de Darwin y de la teoría de los guisantes de Mendel;  ambas han contribuido a que mejoremos como especie ya que sólo han sobrevivido las especies más fuertes de forma que las nuevas generaciones son mejores que las anteriores. Se trata de aplicar esta metáfora a un ordenador para resolver problemas. Uno de nuestros últimos trabajos ha sido encontrar la mejor asignación de trabajadores en la línea de montaje de Nissan, en Barcelona. Tenemos millones de posibles combinaciones y validarlas todas nos llevaría decenas de años. La IA realiza todas estas validaciones tomando como modelo la selección natural en la que, como hemos dicho, sólo sobreviven las mejores generaciones. El ordenador se programa y repite combinaciones hasta que encuentra la mejor. Estamos imitando la genética de las especies.

 

Las hormigas también tienen mucho que enseñarnos

Si. También hay algoritmos de hormigas, que imitan su comportamiento para encontrar los caminos mas cortos para llegar a un lugar. ¿Cómo es posible que echemos insecticida cuando encontramos hormigas en casa y media hora después volvemos a ver una nueva hilera sorteando el lugar en el que hemos echado el insecticida? Porque son capaces de buscar un camino alternativo, el más corto para llegar a su destino.

Pues este algoritmo se imita para encontrar los caminos mínimos que se usan, por ejemplo, para el reparto de mercancías o para redistribuir a los viajeros que se han quedado en tierra cuando su vuelo se ha cancelado de forma que recorra la menos distancia posible dentro de la terminal.

Con las redes neuronales para igual. Aún no podemos imitar el funcionamiento de todas las neuronas del cerebro, pero nos estamos acercando. El deep-learning se utiliza para la traducción simultánea (Google Translator), detección de imágenes o vídeo vigilancia.

 

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¿Qué nos depara el futuro?

El futuro de la IA es principalmente social. Estamos rodeamos de IA, hemos sustituido el GPS por el móvil y Google utiliza el algoritmo de caminos mínimos de las hormigas para darnos las direcciones y rutas que le pedimos. Y con los videojuegos ocurre igual. Antes, en el comecocos, se seguía unos patrones fijos. Pero en los juegos actuales aparecen personajes no jugadores que interactúan contigo, aprenden de tu forma de jugar y aparecen enemigos en aquellos lugares por los que más pasas.

 

Puedo ponerte otro ejemplo muy curioso. En El Señor de los Anillos todos los orcos estaban hechos por ordenador, programados con un comportamiento similar al de un humano en una batalla. Siempre cuento esta anécdota. La primera vez que los orcos entraron en la lucha, se dieron cuenta de que estaban en inferioridad numérica y salieron corriendo y no hubo batalla. Actuaron como humanos. Hubo que reprogramarlos para hacerlos más valientes.

Un último caso. En nuestros coches también hay IA. Todos recordamos que los coches antiguos tenían el “aire” manual y teníamos que sacar una palanca para ajustarlo y poder arrancar el coche. Ahora es automático y funciona con un algoritmo basado en a lógica fuzzi, que calcula la temperatura y el hidrógeno e introduce el aire exacto. Pero aún hay más. Me acabo de comprar un coche con detección de salida de carril, frenado automático, detección de ojos para evitar quedarse dormido al volante etc. Todo esto son algoritmos de inteligencia artificial.

Como ves, el futuro que yo veo es muy positivo, pero como en todo, hay actitudes perversas. Una sierra sirve para cortar un árbol, pero si tú la utilizas para cortarle el cuello a alguien, la culpa no es de la sierra, es tuya.

 

Y de todo estos aspectos se hablará en el Congreso

El CAEPIA es un congreso científico, pero, dado el impacto social que tiene, vamos también a tratar los aspectos más sociales de la IA. Por eso hemos invitado al Ministerio de Ciencia y vamos a hacer una mesa redonda con la presidente de la AEPIA, Amparo Alonso, que hablará de la postura global política de la IA, con un ingeniero de Google que participó en los primeros desarrollos de Deep Learning, a una persona de Repsol y a José A. Pérez Tapias, el decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada, para tratar los aspectos más sociales de la IA. También hay un concurso de AAPS, otro de tesis doctorales. Cubrimos la parte investigadora y de desarrollo social.

 

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