Impresión 3D. La nueva revolución industrial. Entrevista a Esther García, CEO de Sakata3D

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La impresión 3D es una tecnología emergente que está cambiando la industria moderna. Se basa en la fabricación de objetos tridimensionales partiendo de un diseño digital mediante la superposición de capas sucesivas de material. La tecnología lleva en uso desde los años 70 pero ha sido en el último lustro cuando ha tenido un mayor impacto debido, principalmente, a la producción doméstica. Objetos hechos antes con una máquina industrial y que podían costar más de 50.000 dólares, ahora se pueden fabricar en el hogar por menos de 3.000.

Lo más importante de todo es que no hace falta ser un diseñador o ingeniero para diseñar e imprimir objetos 3D. Sólo se necesita curiosidad, el deseo de experimental y la voluntad de desarrollar la creatividad.

Esther García Amezcua es CEO de Sabaka3d, fábrica pionera en España de producción de filamentos para impresión 3D. Uno de sus centros de producción está en Granada.

 

Estamos ante una nueva revolución industrial que apuesta por la producción individualizada frente a la industrial.

Es, en parte, la respuesta a la Cultura Maker (Do it yourself  – hazlo tú mismo), que promueve la idea de que todo el mundo es capaz de desarrollar cualquier tarea en vez de contratar a un especialista para que la realice. Esta corriente contemporánea se ha visto favorecida por la irrupción de internet en los hogares, que ha proyectado nuevas formas de conexión con otros países. La web ha creado espacios compartidos de intercambio de ideas entre creadores que se encuentran a miles de kilómetros de distancia. La impresión 3D les ha permitido fabricar en el ámbito doméstico piezas industriales que antes sólo se podrían desarrollar partiendo de un molde cuyo coste era muy elevado y el tiempo de producción muy amplio. La impresión 3D es una especie de “fabricación de escritorio” con la que podemos crear prototipos de una pieza en apenas unas horas.

Le ha salido una buena competencia a las grandes industrias

Si, hasta tal punto que ya son las empresas más importantes del sector las que están empezando a utilizar estas impresoras a nivel industrial. El interés por la impresión 3D empezó a incrementarse hace alrededor de diez años y el crecimiento ha sido exponencial. Las pequeñas y medianas empresas pueden reducir considerablemente los costes en materiales y en producción ya que pueden producir en una semana lo que antes se tardaba meses.

 

Sakata es una empresa de fabricación de filamentos, la “tinta” de la impresora 3D

Eso es. Nosotros fabricamos los materiales de impresión, principalmente el pla, que importamos de Estados Unidos. Se trata de un material biodegradable que procede del almidón de maíz y cuya mayor ventaja es que no es tóxico. Ahora se está investigando sobre cómo trabajar los diferentes materiales para reducir su toxicidad. Este material es el que usan, por ejemplo, en los colegios e institutos.

¿Los estudiantes ya utilizan impresoras 3d?

Si, y cada vez más jóvenes. La edad en la que ahora mismo se empieza a trabajar con este tipo de impresión es a los 10 ó 12 años.

Y, ¿qué utilidad puede dar le un niño a una impresora 3D?

En la educación tiene muchas posibilidades. Lo más importante es que abre un campo de oportunidades que hasta ahora no se podía explorar, y a modo individual. La impresión 3D es una ventana a la creatividad. Imagina poder enseñar a un niño de ocho años a que pueda desarrollar su propio juguete añadiéndole, incluso robótica o arduino. La impresión 3D está ya implantada en los colegios como asignatura.

A parte de juguetes, ¿Qué podemos hacer con una impresora 3D?

Muchísimas cosas. En arquitectura, por ejemplo, podemos desarrollar el prototipo de una vivienda o el diseño de mobiliario de decoración. Pero también se utiliza en educación, salud y entretenimiento, o en la reconstrucción de fósiles o replicado de antigüedades. La impresión 3D está muy implantada hoy en día ya que facilita la personalización de los productos y, lo más importante, la producción en tiradas cortas que hace que el proyecto pueda ser asumido a título individual ya que el “maker” sólo costea el diseño y la impresión. Los escultores ya se están adaptando a estos métodos para sus obras e, incluso, las fallas de Valencia ya se hacen en impresión 3D. Pero donde más se ha desarrollado es en el sector de la moda. Hoy en día, con una impresora “personal” podemos hacernos cualquier complemento en 3D, una pulsera, un anillo o unos pendientes.

 

¿Cualquiera puede tener una impresora 3D en su casa?

Si, tanto por tamaño como por precio. Las hay desde los 100 euros hasta los 80.000. Y en cualquier parte del mundo. Nosotros llevamos cinco años en el sector, tenemos presencia en 30 países y desarrollamos filamentos tanto para España como para otros países europeos y americanos como Italia, Alemania, Francia, México o Colombia. Somos los primeros productores de este material. Y aquí las redes sociales han sido muy útiles ya que nos han permitido ampliar el campo de venta a otros países y competir con el sector asiático que, como todo lo que viene de Asia, es más barato, aunque carece de otros servicios como la atención al público o los servicios preventa y postventa.

 

¿Cuál es el futuro de esta tecnología?

Que esté al alcance de cualquiera y que, sobre todo los jóvenes, sean conscientes de las posibilidades que les ofrece para hacer ellos mismos sus propios diseños. Pero para ello se necesita el apoyo social, institucional y económico. España es uno de los países que menos cuida el I+D y el resultado es que nuestros creadores emigran precisamente por falta de apoyo. Hay que fomentar que los niños y jóvenes desarrollen sus ideas y puedan llevarlas a cabo.

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