Ciencia para curar enfermedades – Elena González Rey, bióloga celular e inmunóloga.

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¿Cómo reacciona el cuerpo humano frente al ataque de agentes externos? ¿Qué factores influyen en que unas personas enfermemos más y otras menos?.

La investigadora Elena González Rey charlará en Lemmon Rock sobre cómo la ciencia puede ayudar a curar enfermedades. El grupo de investigación que dirige está estudiando cómo trabajan conjuntamente los sistemas inmunitario y nervioso para defendernos de las toxinas, patógenos, accidentes, etc y asegurar, así, nuestra supervivencia. Hoy nos adentramos en la compleja red de mecanismos que despliegan ambos sistemas para mantenernos sanos.

 

El inmunológico y el sistema nervioso central son dos de los sistemas más importantes para nuestra salud

El sistema inmunológico nos protege de los agentes extraños que pueden causar enfermedades y el sistema nervioso procesa los estímulos del mundo exterior y transmite los impulsos a los nervios y a los músculos para que reaccionen a esas “enfermedades”.

Hasta hace diez años se pensaba que ambos sistemas actuaban de forma independiente, pero hemos averiguado que esto no es así y que, ante el ataque de un patógeno, una infección o un trauma, actúan de forma complementaria: el sistema inmunológico detecta el agente externo y lucha contra él para eliminarlo, y el sistema nervioso central “informa” a nuestro cuerpo de cómo tiene que comportarse para ayudar en esa lucha, por ejemplo, reduciendo la actividad para que toda la energía que producimos la empleemos en curarnos.

 

Por eso cuando estamos resfriados, sólo tenemos ganas de estar en casa y no hacer nada que nos suponga un esfuerzo

Exacto. Cuando tenemos una infección, el sistema inmunitario produce unos mediadores que informan al sistema nervioso de que tiene que cambiar el comportamiento de la persona que padece esa infección. De igual forma, llega un momento en el que el sistema inmunológico tiene que dejar de actuar y los mediadores producidos por el sistema nervioso le indica cuándo debe hacerlo.

 

¿Cómo se produce esta relación?

Lo que hemos descubierto es que ambos sistemas producen el mismo tipo de moléculas y el mismo tipo de receptores que pueden recibir la actividad de esas moléculas. Es el caso de los neuropéptidos. Hasta ahora se pensaba que sólo eran producidos por el sistema nervioso central, pero hemos visto que el inmunitario además de sus propios mediadores, también tiene capacidad para generarlos.

 

¿Qué son los neuropéptidos?

Los neuropéptidos son proteínas que tenemos distribuidas en pequeñas cantidades por todo nuestro cuerpo. Algunas las utilizamos para regular la memoria, otras para la movilidad intestinal, para constreñir los vasos sanguíneos pulmonares o, por ejemplo, para modular la respuesta inmunológica. Es decir, estos neuropéptidos le dicen al sistema inmunológico cuándo debe dejar de actuar ante un proceso, por ejemplo, inflamatorio cuando el peligro ya ha pasado.

 

¿Qué ocurre si el sistema inmunológico no recibiera esa “orden” del sistema nervioso central y no dejara de actuar?

Lo normal es que cuanto tenemos una herida el sistema inmunitario se ponga en marcha y vuelva a su nivel normal en cuanto el patógeno ha sido eliminado. Pero eso no siempre ocurre. Si, ante un proceso inflamatorio el sistema inmunitario se descontrola y no cesa su actividad, derivaría en una inflamación crónica que puede conllevar un proceso autoinmune. Entonces, nuestro organismo deja de distinguir entre elementos extraños y propios y actúa contra todos. Por ejemplo, en la esclerosis múltiple, las proteínas que forman parte de las neuronas no son reconocidas como elementos del propio organismo, y son atacadas por el sistema inmunitario.

 

Y, ¿Qué pueden hacer los neuropéptidos?

Hemos trabajado con modelos animales (por ejemplo, mimetizando los procesos que ocurren en la esclerosis múltiple) para probar su eficacia en vivo y hemos visto en estos modelos experimentales que el tratamiento con los neuropéptidos que regulan el sistema inmunológico pueden evitar la progresión de esta enfermedad e impedir nuevos brotes durante dos meses con un tratamiento breve. Lo que hacen es bloquear el ataque por parte de las células del sistema inmunológico sobre componentes de nuestras propias células (en el caso de la esclerosis, de las neuronas) que reconoce como extrañas. Un aspecto importante del efecto de estos neuropéptidos es que no actúan como inmunosupresores. Es decir, lo normal ante una enfermedad autoinmune es utilizar fármacos que bloqueen el sistema inmunitario. Pero, muchas veces, estos medicamentos tienen como efectos secundarios el que dicho bloqueo hace que no podamos responder adecuadamente a infecciones externas. No ocurre asi con los neuropéptidos que actúan más bien como inmunomoduladores y no como inmunosupresores. Nunca llegan a bloquear la capacidad del sistema inmunitario frente a otras agresiones, sino que regula de forma especifica la actividad inmunológica.

 

 

¿En qué punto de la investigación se encuentra actualmente?

Los niveles de producción de algunos neuropéptidos varían en los procesos de infección. Hemos detectado que, en algunos casos (enfermedades autoinmunes y neurodegenerativas), cuanto más grave es la enfermedad, los niveles son más bajos. En otros casos (infecciones), se produce un aumento en dichos niveles. Estamos intentando establecer unos valores de referencia que nos indiquen a partir de qué cantidad una persona es susceptible de padecer una enfermedad y con qué tipo de enfermedad se podrían relacionar. Por ejemplo, estamos trabajando en evaluar los niveles de estos neuropéptidos en enfermedades crónicas neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson. El poder asociar un determinado nivel de neuropéptidos con la enfermedad sería muy importante para estos pacientes ya que ambas enfermedades se detectan muchos años después de que la persona comience a desarrollarla. Haciendo un sencillo análisis podríamos detectar bajadas/subidas en el nivel de neuropéptidos, lo que nos podría indicar un envejecimiento prematuro y una alta susceptibilidad a la enfermedad.

 

Por otro lado, los neuropéptidos son moléculas endógenas que se caracterizan por su rápida degradación, en torno a los 20 minutos desde que son generados en el organismo. Esto por un lado es positivo porque reduce los efectos secundarios, pero por otro reduce el tiempo de acción. Estamos trabajando para protegerlos dentro del cuerpo humano y que aumenten su durabilidad y, por lo tanto, su eficacia.

 

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